Carlos Araujo Storytelling

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Lo que se paga cuando compran fotografía de bodas

 “Dispongo de un presupuesto limitado para la fotografía”  Lo entiendo.  Justo ahora que estoy escribiendo esto me da un poco de risa porque soy un hombre de 26 años y estoy más que lejos de casarme en un futuro inmediato, pero de igual forma si entiendo a quienes están planificando un evento tan importante como una boda. Sé que es difícil, y hay que tener presupuestos para que los costos no se vayan de las manos.  El objetivo es claro, lograr que cada detalle deseado se plasme el día del evento y que todo esté dentro del margen de lo presupuestado.  Hay que pagar un pastel, vestidos, decoración, zapatos, comida, bebida, local, música, trajes… la lista podría ser interminable pero el presupuesto no. Y a lo mejor se puede percibir más fácilmente el valor de dedicarle una porción importante del presupuesto a estas cosas, y una fracción reducida a la fotografía.   Lo que voy a escribir a continuación es mi opinión personal la cual mantendría aunque no fuera un fotógrafo. Habiendo dicho esto, creo que lo que se está comprando no son solo imágenes del día de la boda, y no se debería ver de esa forma.   Son recuerdos.  Son esos pequeños momentos invaluables que quedan guardados en imágenes para poder ser revividos quizás décadas después. Son momentos que no pudieron notar porque había que estar pendiente de tanto, o que olvidaron días después de la boda. Son pequeños fragmentos de tiempo que se perderían para siempre, pero en cambio quedan preservados y cuidados para ser desenvueltos en los años a venir.  Son emociones.    Emociones que sintieron ese día, que van a haber olvidado cuando lleguen a sus cincuentas, sesentas, setentas, pero que van a tener la capacidad de revivir. Son lágrimas, alegrías, nervios, emociones que nos hacen sentirnos vivos y ser humanos.  Son personas  Personas queridas, amigos y familiares, que puede que ya no estén físicamente con nosotros 20 o 30 años más adelante, pero que van a estar inmortalizados en imágenes en su estado más alegre y radiante.  Es compartir.  Compartir recuerdos con familiares y amigos a medida se envejece. Compartir las experiencias, historias, sentimientos, creando nuevos lazos.  Creo que se debería dejar de ver a la fotografía como un agregado más en la lista de pendientes para el día de la boda, agrupado junto con los antifaces y serpentinas para el carnaval, o las boquitas que preceden a la cena…  ¿Cuándo pasen los años, van a ser las cosas materiales de la boda las que se recuerden con cariño? ¿Va a ser el tipo de sillas o manteles que se escogieron para decorar la recepción el recuerdo preciado que se va a atesorar y transmitir de generación en generación acerca de ese gran día? ¿Y aún si así lo fuera, que es lo que va a servir para recordarlo? ¿Qué se puede hacer para revivir ese día, con todas sus emociones y momentos especiales?  La respuesta son sus fotografías.  A pesar de que pasen los años, las imágenes del día de la boda siempre van a ser a lo que se va a recurrir para revivir esos momentos, recordar a sus seres queridos, transmitir historias. Siempre se va a recurrir a esas fotos que a lo mejor hoy por hoy se perciben con la misma o menor importancia que un pastel o un juego de luces.  Pero es que ese tipo de cosas materiales y palpables por las cuales se pagan en el día de la boda van a desaparecer tan pronto como se termine el evento y los invitados se vayan a sus casas. Y si bien es lindo durante el día, su relevancia se pierde como arena entre los dedos de las manos.  Por otro lado están las fotografías.  De todo lo que se puede comprar el día de su boda, son lo único que adquiere valor con el tiempo . Lentamente, año a año, se vuelven más invaluables e importantes, porque van a ser el puente que sirva para recordar todo lo que tuvieron e hicieron el día de su boda cuando su memoria comience a fallar.  Van a permitirles en el futuro conectarse con quienes fueron en ese día,  y con quienes estaban acompañándolos. Van a dar evidencia de lo que se vivió, lo que importó, lo que amaron y fueron amados.  Las bodas son caras, pero en vez de ir chequeando una larga lista de cosas que en realidad significan poco a la larga, o que solo tienen que estar por estar, se debería considerar lo que de verdad importa.  En 30 años, cuando celebren su aniversario de bodas y tengan dificultad para acordarse de los nombres de quienes estaban ahí, van a ir al archivo de fotos, y observarlas una por una. Van a revivir historias, alegrías, o tal vez van a sentarse en silencio y contener lágrimas. Pero esto les va a permitir sentir nuevamente,  volver al gran día, respirar esos momentos.  Al final, esta es mi opinión personal, y si bien no me hubiera tomado el tiempo de escribir esto si no fuera un fotógrafo, igual seguiría pensando lo mismo.   Invertir en fotografía de bodas no es un lujo ni una extravagancia, porque se está invirtiendo en recuerdos, en emociones, en pruebas de lo vivido.   Creo que tener algo que nos conecte con los momentos más preciados, inesperados y felices de un día tan importante es uno de los mejores regalos que podríamos darnos a nosotros mismos.  Eso es la fotografía de bodas. Un regalo extraordinario para uno mismo. 

“Dispongo de un presupuesto limitado para la fotografía”

Lo entiendo.

Justo ahora que estoy escribiendo esto me da un poco de risa porque soy un hombre de 26 años y estoy más que lejos de casarme en un futuro inmediato, pero de igual forma si entiendo a quienes están planificando un evento tan importante como una boda. Sé que es difícil, y hay que tener presupuestos para que los costos no se vayan de las manos.

El objetivo es claro, lograr que cada detalle deseado se plasme el día del evento y que todo esté dentro del margen de lo presupuestado.

Hay que pagar un pastel, vestidos, decoración, zapatos, comida, bebida, local, música, trajes… la lista podría ser interminable pero el presupuesto no. Y a lo mejor se puede percibir más fácilmente el valor de dedicarle una porción importante del presupuesto a estas cosas, y una fracción reducida a la fotografía. 

Lo que voy a escribir a continuación es mi opinión personal la cual mantendría aunque no fuera un fotógrafo. Habiendo dicho esto, creo que lo que se está comprando no son solo imágenes del día de la boda, y no se debería ver de esa forma. 

Son recuerdos.

Son esos pequeños momentos invaluables que quedan guardados en imágenes para poder ser revividos quizás décadas después. Son momentos que no pudieron notar porque había que estar pendiente de tanto, o que olvidaron días después de la boda. Son pequeños fragmentos de tiempo que se perderían para siempre, pero en cambio quedan preservados y cuidados para ser desenvueltos en los años a venir.

Son emociones.  

Emociones que sintieron ese día, que van a haber olvidado cuando lleguen a sus cincuentas, sesentas, setentas, pero que van a tener la capacidad de revivir. Son lágrimas, alegrías, nervios, emociones que nos hacen sentirnos vivos y ser humanos.

Son personas

Personas queridas, amigos y familiares, que puede que ya no estén físicamente con nosotros 20 o 30 años más adelante, pero que van a estar inmortalizados en imágenes en su estado más alegre y radiante.

Es compartir.

Compartir recuerdos con familiares y amigos a medida se envejece. Compartir las experiencias, historias, sentimientos, creando nuevos lazos.

Creo que se debería dejar de ver a la fotografía como un agregado más en la lista de pendientes para el día de la boda, agrupado junto con los antifaces y serpentinas para el carnaval, o las boquitas que preceden a la cena…

¿Cuándo pasen los años, van a ser las cosas materiales de la boda las que se recuerden con cariño? ¿Va a ser el tipo de sillas o manteles que se escogieron para decorar la recepción el recuerdo preciado que se va a atesorar y transmitir de generación en generación acerca de ese gran día? ¿Y aún si así lo fuera, que es lo que va a servir para recordarlo? ¿Qué se puede hacer para revivir ese día, con todas sus emociones y momentos especiales?

La respuesta son sus fotografías.

A pesar de que pasen los años, las imágenes del día de la boda siempre van a ser a lo que se va a recurrir para revivir esos momentos, recordar a sus seres queridos, transmitir historias. Siempre se va a recurrir a esas fotos que a lo mejor hoy por hoy se perciben con la misma o menor importancia que un pastel o un juego de luces.

Pero es que ese tipo de cosas materiales y palpables por las cuales se pagan en el día de la boda van a desaparecer tan pronto como se termine el evento y los invitados se vayan a sus casas. Y si bien es lindo durante el día, su relevancia se pierde como arena entre los dedos de las manos.

Por otro lado están las fotografías. De todo lo que se puede comprar el día de su boda, son lo único que adquiere valor con el tiempo. Lentamente, año a año, se vuelven más invaluables e importantes, porque van a ser el puente que sirva para recordar todo lo que tuvieron e hicieron el día de su boda cuando su memoria comience a fallar.

Van a permitirles en el futuro conectarse con quienes fueron en ese día,  y con quienes estaban acompañándolos. Van a dar evidencia de lo que se vivió, lo que importó, lo que amaron y fueron amados.

Las bodas son caras, pero en vez de ir chequeando una larga lista de cosas que en realidad significan poco a la larga, o que solo tienen que estar por estar, se debería considerar lo que de verdad importa.

En 30 años, cuando celebren su aniversario de bodas y tengan dificultad para acordarse de los nombres de quienes estaban ahí, van a ir al archivo de fotos, y observarlas una por una. Van a revivir historias, alegrías, o tal vez van a sentarse en silencio y contener lágrimas. Pero esto les va a permitir sentir nuevamente,  volver al gran día, respirar esos momentos.

Al final, esta es mi opinión personal, y si bien no me hubiera tomado el tiempo de escribir esto si no fuera un fotógrafo, igual seguiría pensando lo mismo.

Invertir en fotografía de bodas no es un lujo ni una extravagancia, porque se está invirtiendo en recuerdos, en emociones, en pruebas de lo vivido.  Creo que tener algo que nos conecte con los momentos más preciados, inesperados y felices de un día tan importante es uno de los mejores regalos que podríamos darnos a nosotros mismos.

Eso es la fotografía de bodas. Un regalo extraordinario para uno mismo.